10 de diciembre de 2010

Me alteran las personas con temperamento, que defienden ideas sin fundamentos. Ento. Está bien, para MÍ tu idea es una garcha, pero si tenés motivos, o si le ponés garra para hacermela creer por ahí entro en tu juego. Pero no, ellos creen que con un poquitito (si, poquitito, porque si yo me pongo a discutir puedo bajarte de un hondazo) de ímpetu son grandes defensores de la palabra. No querido, NO!; por más que me grites o me hables con palabras que consideras "difíciles", no tenés argumentos!.
Mirá, yo te hablo "mal" porque me adapto al contexto, estamos en una charla tranquila, tomando una birra y hablando de fútbol (si, el nudo de la cuestión, una vez más), anque me hables de niveles de juego con porcentajes que seguramente te estudiaste de alguna página de internet, no me vas a convencer si no me decís por qué. Lo que tenés vos es una gran recopilación de información bajada en formato .pdf, de la cual probablemente entiendas menos de la mitad, pero igual te largás a hablar. Y con personas así la birra se vuelve amarguísima, el país se está poblando de tontos.

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