Uno tiene que aprender a ignorar. Aún cuando no se pueda. Ahí está el tema. Uno ignora lo que no le importa, cuando algo si le interesa realmente ignorar se convierte en algo prácticamante imposible. Pero no. Tenemos que aprender a ignorar aún cuando nos importa muchísimo. Convertirnos en pequeñas masas grises que encuentran la felicidad estando en la banquina de todo lo que pasa.
Nos complicamos mucho la vida con todo. En momentos como hoy prefiero la puta mediocridad estable que tanto critico. Mañana seguro me odie por preferirla hoy, pero en este momento es reconfortante imaginarme en el lugar del oficinista fracasado y cornudo comido por la rutina, ajam. Estabilidad. Eso es lo que buscamos. Ya tengo suficientes quilombos en la cabeza para que venga cualquier extraño a involucrarme en los suyos como actor principal. Dejame tranquila.
Creo que es natural dejar pasar a cualquiera a que se siente en nuestro comedor, que hable con nuestros familiares, o que duerma en nuestra propia cama. A veces creo que es una forrada más a la que nos entregamos todo el tiempo para darle adrenalina a nuestros días.
No lo entiendo, teniendo todo y más al alcance de la mano siempre vamos por lo difícil, que termina siendo pelotudo. Pero se trata de poner todo en una balanza, ver que es lo que queremos realmente. Ahora, cuando la balanza está sobre una mesa sin una pata se complica todo. Nunca voy a ser lo suficientemente madura. En noches como esta le tengo miedo a todo. Hasta el más fuerte tiene una debilidad, y si no fuera un poco humilde no la reconocería. Se que a la larga no me afecta, solo que ahora necesito largarlo todo. Estas cosas me dejan en shock , y lo único que quiero es a mi viejo acá diciendome que nadie me puede hacer mal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario