Horacio, el hombre que quería que pongan un banco de plaza en su nombre el día que se muriera. Quería ahorrarle a sus familiares y amigos, la tediosa tarea de ir a visitarlo al cementerio en cada aniversario.
Así iban a poder recordarlo leyendo un libro sentados con él.
En la vida hizo lo que quiso, y en su mente también.
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