5 de enero de 2013

No sientas que te falte el don de hablar que te arrebata el cielo, no necesita tu belleza esmalte, ni tu alma pura más extenso vuelo.
No mires, niña mía, en tu mutismo fuente de dolores. Ni llores las palabras que te digan, ni las palabras que te falten llores. 
Si brillan en tu faz tan dulces ojos que el alma enamorada se va en ellos, no los nublen jamás tristes enojos; que todas las mujeres de mis labios no son una mirada de tus ojos.

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