Llevo 18 horas frente a esta computadora. 18 literales.
Me levanto para ir al baño y para poner más agua para el mate.
18.
Ya no veo nada.
Trabajo trabajo trabajo y trabajo. Y despejo cada tanto con alguna que otra foto personal, o que por lo menos me guste hacer. Despejo sabiendo que si el reloj de esta máquina no se equivoca en una hora llegás y vas a ser vos el que arregle el mate y me aliente. "Ay Milagros, justo vos? cuándo algo te venció?".
Que tipo hermoso que sos.
Y la cabeza donde tiene que estar, porque sino enfermaríamos. Vacaciones. Claro, vacaciones. Después de las expensas, los impuestos y las cuotas de la tarjeta. No me preocupa, vacaciones. Hace meses que no tenemos plata propia, que todo está en un mismo pozo común que nadie controla. Si no llego, llegarás vos. De alguna y otra forma siempre llegamos. Lo lindo de esta situación es que ambos vivimos de lo que amamos, y de que ambos vivimos como queremos, "en vida", cantan algunos boludos que escuché una vez.
45 minutos. No. No puedo más. Los verdes están magentas y los azules medio amarillos, si entrego esto me despiden. Es un asco.
Balcón: el respiro pulmonar frente a una cuidad gobernada por un nefasto incompetente que logró, con su indescriptible gestión que apenas aumente la temperatura todo huela a mierda. Colegiales, Chacarita. Imperio: "EL SUPERCLÁSICO DE CHACARITA". Subte B, estación Federico Lacroze. Una mujer da vueltas por la plazoleta. Tendrá la edad de mi madre, pero lleva puesta una pollera larga hasta las rodillas, lo que hace que parezca mayor. Camina. Vuelve. Vuelve a caminar. Frena. Camina. Salida. Un chico, 20 años aprox. Un morral y dos valijitas, chiquitas y viejas. Lo vio, lo reconoció rápido. Le hizo señas desde algunos metros, le abrió los brazos, mucho, excesivo gesto de recibimiento. El, como puede, camina a ella, más rápido. Deja las valijas en el piso. La abraza. Se abrazan. Lloran. Lloran mucho. El se ríe de felicidad, a los gritos. Empieza con una serie de saltitos cuasi pogo intentando que la mujer no se caiga. Se ríen y lloran, y se vuelven a reír. Poco importan las personas que pasan, como siempre indiferentes, por al lado suyo. Poco importo yo que los estoy espiando desde un quinto piso, desde algún edificio que nadie registra, desde algún punto de esta ciudad donde todos parecen perdidos. La gente todavía ama. Se los juro. Y eso siempre será el motor y la gran musa de cualquiera.
Lo demás es cotillón.
Llegaste. Te muestro la escena. Además de ser el tipo más hermoso de este planeta te considero una persona inteligente : "te iba a contar que justo cuando pasé lo vi y me pareció hermoso".
La gente todavía ama, se los juro.
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